El día que faltaba
Cuando los supervivientes de la expedición de Magallanes y Elcano regresaron en 1522, vieron que su calendario llevaba un día de retraso. Habían contado bien y, aun así, les faltaba un día.
El libro que estoy escribiendo
Un libro sobre cómo vivir un año de 368 días
Para intentar vivir el año más largo del mundo, empecé 2024 en Kiribati, en mitad del Pacífico, y lo terminé en Samoa Americana, al otro lado de la Línea Internacional de Cambio de Fecha.
Así fue como viajé dos veces al Pacífico y empecé a investigar por qué la Línea hace zigzag, quién decidió los meridianos y los husos horarios y en qué lugar exacto empieza cada día. También fui encontrando las historias de los científicos y exploradores que intentaron resolver esas preguntas. De eso va este libro.
La pregunta inicial
Todo empezó en noviembre de 2023, durante una videollamada con mi prima María de la O. Me propuso, medio en broma, buscar la manera de alargar el año. Así que en cuanto colgamos, quise saber si aquello era posible y hacerlo.
Pregunté a ChatGPT dónde debía empezar y terminar 2024 para alargarlo todo lo posible. Me respondió que debía recibir el año en Kiribati y despedirlo en Samoa Americana.
En menos de cuarenta y ocho horas estaba buscando vuelos y alojamiento. Para montar la ruta tuve que entender la Línea Internacional de Cambio de Fecha. Seguí leyendo y acabé escribiendo Proyecto Meridiano.
Llegué a Tarawa el 29 de diciembre de 2023 y recibí el año nuevo en Betio. Después pasé por Fiyi y Vanuatu.
Un año después volví al Pacífico. El último tramo fue de Samoa a Samoa Americana: veinte minutos de vuelo y veinticuatro horas de diferencia.
Un viaje en el tiempo
Despegué en 2025. Y veinte minutos después aterricé en 2024.
Celebré la llegada de 2025 en Samoa. Doce horas después despegué de Apia y, tras veinte minutos de vuelo, aterricé en Pago Pago. Había cruzado la Línea Internacional de Cambio de Fecha y allí todavía eran las 12:20 del 31 de diciembre de 2024. Esa noche celebré el fin de año por segunda vez.
Ese salto cerraba la cuenta de los 368 días. 2024 ya tenía 366 por ser bisiesto. Lo empecé en Kiribati, uno de los primeros lugares habitados en entrar en el año, y lo terminé en Samoa Americana, uno de los últimos en salir de él.
El viaje para terminar 2024 · Pacífico
Para terminar 2024 volví al Pacífico y esta vez la ruta fue más larga: Nueva Zelanda, Tonga, Fiyi, Samoa, Samoa Americana y Hawái. Durante el viaje seguía dándole vueltas a tres preguntas:
A la vuelta empecé a buscar las respuestas.
Historias que alimentan el libro
Un día perdido, cuatro barcos contra las rocas, un reloj capaz de calcular la longitud y una red ferroviaria que ya no podía funcionar con una hora distinta en cada ciudad.
Cuando los supervivientes de la expedición de Magallanes y Elcano regresaron en 1522, vieron que su calendario llevaba un día de retraso. Habían contado bien y, aun así, les faltaba un día.
Después de varios días sin poder observar el cielo, la flota del almirante Shovell calculó mal su posición en el mar. Cuatro barcos chocaron contra las rocas de las Sorlingas y murieron más de 1.300 hombres. El desastre quedó unido para siempre al problema de saber dónde estaba un barco.
John Harrison era carpintero y pasó buena parte de su vida construyendo un reloj que no perdiera la hora en el mar. Su H4 permitió calcular la longitud con mucha más precisión.
Los trenes dependían del reloj para no coincidir en una misma vía. En 1853, el reloj inexacto de un conductor contribuyó a un choque mortal. En Estados Unidos llegaron a convivir unas cincuenta horas ferroviarias distintas; la confusión llevó a adoptar la hora estándar en 1883.
Algunas historias del libro
México y Filipinas compartieron fecha durante siglos.
En Filipinas nunca existió el 31 de diciembre de 1844.
Ptolomeo situó el cero en el extremo occidental del mundo que conocía.
Antes de Greenwich, el meridiano cero pasó por El Hierro.
El metro nació midiendo el planeta.
Los franceses midieron desde el ecuador hasta el polo norte siguiendo el meridiano de París. Dividieron esa distancia en diez millones de partes: cada una sería un metro.
Once fechas desaparecieron del calendario británico.
En 1752, los británicos se acostaron el 2 de septiembre y amanecieron el día 14.
Historias curiosas que aparecen en el libro
Las preguntas sobre dónde estamos, qué hora es y en qué día vivimos aparecen en novelas, películas, conspiraciones y profecías. El libro las utiliza para explicar por qué existen los meridianos, quién decidió dónde ponerlos y qué ocurre cuando se cruzan.
Los meridianos y el cambio de fecha en la cultura popular
Phileas Fogg regresa a Londres convencido de haber perdido la apuesta. Como viajó siempre hacia el este, ganó un día sin darse cuenta. Es el mismo truco del calendario que yo quise probar en el Pacífico.
Roberto de la Grive contempla desde su barco una isla situada en el día anterior. Puede verla, pero no sabe nadar y no consigue alcanzarla.
Tánger Soto y Coy buscan un barco hundido en el siglo XVIII. Para leer la carta que puede llevarlos hasta él necesitan saber desde qué meridiano se midieron sus coordenadas.
Dan Brown convirtió el meridiano de París en una línea secreta que atraviesa la ciudad y la llamó «Rose Line». Mezcló dos líneas reales: el antiguo meridiano de París y la meridiana de Saint-Sulpice. Todavía hoy, 135 medallones de bronce permiten seguir por las calles el meridiano que Francia usó antes de aceptar Greenwich.
Los intentos más raros de ordenar el mundo
Charles Piazzi Smyth midió la Gran Pirámide y defendió que escondía un sistema universal de medidas y ocupaba un lugar privilegiado en el planeta. La ciencia descartó sus teorías; la piramidología sobrevivió.
En 1688, un panfleto satírico propuso llevar un perro herido en el barco y mojar su venda en Londres cada mediodía con «polvos de simpatía». El aullido debía dar la hora desde miles de kilómetros.
Para corregir el desfase del calendario juliano, Gregorio XIII ordenó que al jueves 4 de octubre de 1582 le siguiera el viernes 15.
El final de un ciclo de la Cuenta Larga maya acabó convertido en una profecía global: el mundo terminaría el 21 de diciembre de 2012. Hubo películas, refugios y turismo apocalíptico. Llegó el día. Y la vida continuó.
El final del viaje
Despegué de Apia a las 12:00 del 1 de enero de 2025. Veinte minutos después aterricé en Pago Pago: allí eran las 12:20 del 31 de diciembre de 2024. El viaje había terminado en el día anterior.
Déjame tu correo y te escribiré el día que publique Proyecto Meridiano. Solo lo usaré para eso. Mientras tanto, puedes leerme en Notas de Evaristo.
Fotografías del viaje: Evaristo Babé Ayuso.
Juan Sebastián Elcano: retrato conservado en el Museo Naval de Madrid. Imagen de Nahia Blanco Iturbe, Wikimedia Commons, CC BY-SA 4.0.
Desastre naval de las Sorlingas: grabado anónimo de hacia 1710, conservado en el National Maritime Museum de Greenwich. Imagen de Wikimedia Commons, dominio público.
H4 de John Harrison: fotografía de Colonel Warden, Wikimedia Commons, CC BY-SA 3.0.
Chicago & Alton Railroad: mapa de las nuevas zonas horarias, 1883–1884. Imagen consultada en Chicagology.
Línea Internacional de Cambio de Fecha: esquema elaborado para esta página a partir de la información del U.S. Naval Observatory.
La vuelta al mundo en ochenta días: portadilla ilustrada por Léon Benett, hacia 1874, conservada en la Houghton Library. Imagen de Wikimedia Commons, dominio público. El día ganado por Phileas Fogg se puede leer en el capítulo 37.
La isla del día de antes: cubierta de la edición utilizada en esta página.
La carta esférica: cubierta de la edición de Debolsillo. Argumento y problemas de latitud y longitud consultados en el catálogo de Arturo Pérez-Reverte.
Meridiano de París: fotografía de un medallón de Arago por Poulpy, Wikimedia Commons, CC BY-SA 3.0. El recorrido de los 135 medallones está documentado por el Observatorio de París.
Gran Pirámide: grabado de Cornelis de Bruijn, 1714, Wikimedia Commons, dominio público. La investigación y las teorías de Piazzi Smyth están resumidas por los National Museums Scotland.
Kenelm Digby: grabado de Robert van Voerst a partir de Van Dyck, Wikimedia Commons, dominio público. La historia de los polvos de simpatía y su uso para intentar resolver el problema de la longitud está documentada por la Royal Society.
Gregorio XIII: retrato anónimo del siglo XVI, Wikimedia Commons, dominio público.
Códice de Dresde: páginas 55–59 y 74, Wikimedia Commons, dominio público. La explicación del cambio de ciclo en 2012 procede del Jet Propulsion Laboratory de la NASA.
Datos de «¿Sabías que…?»: el cambio de fecha de Filipinas está documentado por la Universidad de Utrecht; el día perdido de la primera circunnavegación, por el Instituto de Historia y Cultura Naval; los meridianos de El Hierro y Ptolomeo, por el Isaac Newton Group of Telescopes; el origen del metro, por el BIPM; el cambio de calendario británico, por Royal Museums Greenwich; las horas ferroviarias, por el Smithsonian; y la propuesta de los polvos de simpatía, por la Royal Society.